roberto quesada, honduras
Eurosión: ¿Retorno o trastorno?
Roberto Quesada
"La ley (Directiva del Retorno) se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo"—Eduardo Galeano, escritor uruguayo. Salía de una de esas sesiones bonitas de las Naciones Unidas para un mundo mejor, sin saber lo que sucedía en el mundo desunido, cuando alguien me habló de la ley de la Directiva del Retorno que acababa de aprobar la Unión Europea. Llegué a nuestra Misión y la secretaria me comunicó que me había llamado el director del Instituto Cervantes de Nueva York, Eduardo Lago. Entré en mi oficina y como no había digerido lo que me contaran—pues juro que no había tenido tiempo de ver ningún noticiero como suele ocurrir a los diplomáticos de las Naciones Unidas, y entre más grande es el diplomático menos enterado está de lo que sucede fuera de estas hermosas oficinas—y entonces me senté en el sillón, recosté la cabeza, cerré los ojos y comencé a reflexionar. Sí, así es, el trabajo del escritor y del diplomático se parecen, ambos necesitan tiempo para pensar. Después de unos segundos abrí los ojos y miré que en el papelito amarillo, que no amarillista, que me había dejado la secretaria, se leía: “Sr. Quesada: Del Instituto Cervantes de España, urge que devuelva la llamada al director Eduardo Lago”. Y como en el trayecto del edificio de las Naciones Unidas a mi oficina el embajador alterno de Nicaragua, Mario Castellón, me había informado de la decisión de los 27 países europeos que conforman la Unión de aplicar la ley del retorno, mi corazón comenzó a palpitar más acelerado que nunca como dicen las “revistas del corazón” de España. Como escritor, diplomático y ex académico, sabía que era poco lo que podía hacer. Poco o nada. Y empecé a sentirme físicamente mal pero no tanto como para que por mi mente desfilaran las cosas buenas y malas que me habían sucedido en España. Después les contaré que pasó con esta llamada del director del Instituto Cervantes. Las buenas son más, pero para un escritor las malas sobre literatura siempre son prioridad, y la fuerte de ellas es que en el 2000 que iba aparecer mi novela Big Banana con el sello Seix Barral, dirigido entonces por Basilio Baltasar, la editorial decidiera sustituir a Baltasar como director por Adolfo García Ortega. La publicación de Big Banana, desgraciadamente, cayó en esa línea divisoria. La ingenuidad y sinceridad (a veces pienso que la sinceridad es producto de la ingenuidad) a mí me ha llevado lejos, lejos del éxito, del dinero, y esto me pasó con Seix Barral. García Ortega canceló todas las obras que se publicarían bajo la dirección de Baltasar, pero con Big Banana ya era demasiado tarde. Y resignado aceptó su publicación y que fuera la portada de temporada de Seix Barral. No sé si García Ortega lo hizo para borrar cualquier vestigio que recordara que Basilio Baltasar me “había descubierto” en España o le fui antipático por mi fidelidad con Baltasar, pero quien ha pagado cualquier consecuencia es la novela Big Banana. Fuere como fuere éste es el primer español con el que me sucede algo negativo, quizá hayan existido otros en el pasado pero hace 500 años y pico yo aún no había nacido. Con García Ortega perdí la inocencia de que todos los españoles eran buenos, buenísimos, pues los que yo conocía en Honduras eran los que daban misa, cercanos a Dios y nos alumbraron el camino para que dejásemos de andarle rezando al Dios del Maíz, al Dios de la Lluvia, al Dios del Sol y nos dieron un Dios más actualizado, moderno. Esos sí que eran muy buenos seres humanos. Muchos latinoamericanos hemos ingenuamente creído que cada europea, europeo, es noble. No, no todos, solamente debe de recordarse que, como nosotros, son seres humanos. Y tampoco todos son inteligentes y /o educados, existen de todo para todos los gustos. En el caso de España, que por factura (o fractura) histórica está más cerca de los latinoamericanos, existen quienes defienden el racismo y a su vez padecen del desconocimiento (¿amnesia?) histórico de los cimarrones que los gobernaron y de los indios que ellos “conquistaron”. Este humanismo europeo del que tanto hemos dependido los latinoamericanos, se ve más esplendoroso porque siempre ha sido en relación a los Estados Unidos. Y es hasta probable que el endurecimiento de las leyes antiimigrantes en Europa vayan más dirigidas y aplicadas a los africanos que a los latinoamericanos. Tal como sucede en los Estados Unidos, que las leyes son generales pero en verdad se aplican menos contra los europeos ilegales y van dedicadas a los vecinos del sur. O, quién sabe, quizá sea simplemente una ley antiinmigrante contra el tercer mundo, en donde quiera que se encuentre este mundo tercero. Muchos de los países que conforman la UE ya fueron imperios, y pueda que algo de ello quede en algunos. Al consolidarse como Comunidad con una única moneda y al fortalecerse ésta, pueda que haya quienes sueñen con el retorno imperial pero ya en bloque. Y la ley antiinmigrante puede ser el comienzo de ir expulsando a los esclavos de la gleba, pues pueden arar en la gleba pero se les recuerda que no les pertenece. Para tomar el pulso de primera mano sobre esta situación de la ley antiinmigrante, nadie mejor para contarlo que el poeta salvadoreño, nacionalizado español, Carlos Ernesto García. He llamado a García a Barcelona para que dé su punto de vista. Inmediatamente supe que no es para él una pregunta fácil, sabe que se debe a dos patrias, su mujer e hija son españolas ciento por ciento. Y para él más que nada se debe a que Europa enfrenta una crisis, misma que no se le da publicidad pero que en la práctica se sabe con sólo el hecho del creciente desempleo. Por otro lado García asegura que existe una especie de “antiinmigración bondadosa”, pues en el caso de España, existe tolerancia con los inmigrantes y además se les pide salida voluntaria y el pago de cuatro años en su país de origen como si estuviesen trabajando en España. Prometió enviarme algún documento en donde se compruebe esto, quedó de enviármelo, aún lo estoy esperando. La fidelidad latinoamericana hacia España puede comprobarse fácilmente cuando el Rey dio el famoso “¡Por qué no te callas!” al presidente venezolano Hugo Chávez. Inmediatamente salieron intelectuales como Mario Vargas Llosa (a quien se le vale un poco más porque es español-peruano), y el mexicano Carlos Fuentes pegó el grito al cielo despotricando contra Chávez como si le hubiesen tocado a la mismísima Virgen de Guadalupe. Ojalá que también den el grito al cielo contra esta ley del eterno retorno. Uno que siempre ha ido a la vanguardia por las causas justas latinoamericanas es, sin duda, el uruguayo Eduardo Galeano, quien en el acto en donde fue declarado Ciudadano Ilustre del Mercosur, frente a diplomáticos de varios países iberoamericanos que participaron, se mostró muy crítico de la directiva de retorno, aprobada el pasado 18 de junio por el Parlamento Europeo. "Europa aprobó hace bien poquito la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas", afirmó. "Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos cuando le retribuyen la visita". Volvamos a la llamada, ya para cerrar este tema, que me hiciera el director del Instituto Cervantes, Eduardo Lago. Me preocupé muchísimo, en mi mente empezó a rebotar: “El retorno”, “el retorno”, “el retorno”. Y como dije antes: mi corazón comenzó a palpitar más acelerado que nunca. Me causó horror, a nadie le gusta retornar así por así, de un día para otro. ¿Qué haría? Tengo un hijo catracho (hondureño), otro gringuito (Made in Nueva York), esposa hondugringa. Este miedo me invadió porque muchas familias latinoamericanas, en este caso hondureñas (y la mía no es la excepción), han sido educadas con la idea de que provienen de Europa, especialmente de España. Como aún no había leído sobre la ley del retorno, pensé que la llamada del director del Instituto Cervantes era más para comunicarme, exigirme, de que era tiempo de volver a casa por órdenes superiores, tiempo del inesperado retorno a nuestra lejana Andalucía, de donde dicen que proceden los Quesadas…Pero no, qué alivio, Eduardo me llamaba para invitarme a tener una tertulia sobre mis libros el próximo 21 de noviembre. ¡Qué susto!
Nueva York, NY 7 de julio 2008.
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Por lobogabriel - 7 de Julio, 2008, 14:49, Categoría: periodico
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